sábado, 16 de noviembre de 2013

El cuento de la semana: EN EL CIELO TAMBIÉN MATAN

Para el taller Relata-UIS es un orgullo presentar el trabajo de Iván Ariza Ruíz, integrante del taller quien recientemente ha obtenido el premio de novela en las Becas de creación literaria de la Gobernación de Santander. Como parte de su trabajo, publicamos un cuento publicado anteriormente en la antología Líneas de sombra, del taller Relata-UIS. Los dejo pues, con un cuento digno de leer y releer, especialmente por el tratamiento hecho a un tema que en su mayoría ha sido desatinado en el marco de la literatura nacional. 

EN EL CIELO TAMBIEN MATAN
 Por Iván Ruiz Ariza


Setenta y cinco metros más cerca del cielo. La asunción de María. 601, 602. ¡Uff que calor! No, la asunción de María no pudo haber sido tan lenta, menos tan tortuosa. 613. Ella iba con su sólo cuerpo inmaculado, yo con este negro féretro…
686,687. Además a ella le irían cantando un coro de Ángeles celestiales, yo voy con este tropel de mariachis que no cantan, solo sudan y se quejan…
703 peldaños, falta poco para el veinteavo piso, como pesa este cabestro que sostiene este féretro negrísimo. ¡Ay! María Santísima como pesa la muerte mientras uno vive. Y nosotros que venimos desde el subsuelo, desde menos cero, desde el estacionamiento...
826, falta poco,  poquísimo para llegar a la “suite” de este puto edificio tan elegante y con el ascensor dañado…
888, ¡que número de coincidencia! Para echarle al chance o la lotería. Siento que hemos llegado al cielo. ¡Uffff! ¿A quien se le ocurre a estas alturas de la vida, velar a un pariente en el propio apartamento? Si no fuera tan majestuoso este edificio pensaría que se trata de una familia pobre… ¡Pero no! Don Armando me dijo bien clarito que habían solicitado servicio de lujo tipo emperador, con servicio extra de mariachis y diez litros de sello azul. Eso si que es tener plata para derrocharle a la muerte. Deben ser unos pesados. “Traquetos” me imagino. ¡Hay! Descargo aquí mismo este cajón, sobre la alfombra persa de la entrada, con mucho cuidado para que no se vaya a astillar. Como pesa este ataúd, como pesa la muerte cuando uno la lleva a cuestas desde abajo, desde el fondo, desde la mismísima prehistoria personal.
Servicio emperador con ribetes y manijas de oro de dieciocho kilates. ¡Qué platal! Este hijo de madre ataúd se parece a la entrada de este apartamento, toda enchapada y en madera  fina. Creo que llegamos, he perdido la cuenta de los pisos, pero esta es la entrada mas elegante que he visto a lo largo de este tortuoso ascenso, donde las escaleras continúan solo al fondo del pasillo. Mejor timbro de una vez y le voy diciendo a estos mariachis que se preparen y vayan descargando la caja de whisky. ¡Bueno señores a lo que vinieron! Fino timbre este, debe ser de los caros, con musiquita de Chopin y todo. Señora muy buenos días, Funeraria el Sagrado Corazón de Jesús, me encargaron traer un servicio de lujo tipo emperador, con mariachis y servicio de licor. ¿Este era el apartamento del fallecido Adaníes Castaño? ¿Que no? Como que espere le pregunto a la patrona. ¿Luego no sabe si aquí hay un muerto? ¡Tráigame un vasito de agua por favor!
Ahora sale esta señora elegante a decirles a los mariachis que dizque el señor está cumpliendo años, que este es el octavo, que el muerto esta en el veinteavo, que porque no tocan, que tómense un traguito, que tales, que pascuales, que trucos, que bambucos... Señores no olviden que ustedes ya vienen contratados, tenemos que salir rápido de esto, hay un muerto esperando el servicio, somos una funeraria sería, además don Armando…. (Felicidades, felicidades…)
Bueno, será esperar a que echen la tocadita mientras me tomo este vaso. Yo pedí de agua, tal vez se equivocaron por lo del festejo y me han traído un doble; ¡ah! es scotch y supo a gloria. ¿Me da otro mientras cantan? Es que como la señora dijo que la suite es más arriba, así recobro alientos para lo que falta. Muchachos toquen las mañanitas. ¡Uff! Aquí adentro que bien se siente, muebles en tafetán, cortinas en muselina, cubiertos de plata, que apartamentazo. No me lo creerían ni mis compañeros de la facultad de decoración de interiores, esto es puro  Feng chui. ¡Canten, canten señores mientras me tomo el tercero y nos vamos! Se justifica esta paradita de camino al cielo raso. Que duro es ascender al cielo. La virgencita no tomaba, me imagino que era abstemia. De pronto uno que otro vinito. En cambio uno sin necesidad de ser santo, se sufre pero se goza. Lo bueno de ser humano, de ser mortal.
Bueno aquí vamos, 889, 891… Muchachos esa platica de la serenata no nos cayó mal. 895, 897, como pesa este aparejo, tuvieron que pedir féretro de la mejor madera con ribetes de oro incluidos. 904. La suite queda  dizque en el penthouse, en el piso veintiocho, uff, que calor hace. 963, se cayó el del bandoleón, debieron ser por los whisky’s que nos tomamos en el octavo. Es que cargar madera a cuestas en estas escaleras es muy duro. 995, estos mariachis abusivos se vienen tomando una de sello azul, habrá que descontarla y decirle a don Armando que se partió en la subida. Señores, por lo menos alcáncenme un traguito para amortiguar la subida. Uy, tal vez eran contrabandistas los del octavo. Si eso era así, entonces los del penthouse si tienen que ser narcos como pensó don Armando. Si el octavo era un olimpo, el pent house tiene que ser el cielo. 1002,1003... La semana pasada fue el político ese que tenía nexos con los paramilitares. Tocó caminar con el cajón dieciséis kilómetros por camino de herradura antes de llegar a esa hacienda con capilla, con mausoleo y hasta zoológico incluido. 1133, pero no, nada como esto, es la subida al mismísimo calvario.
Se acabó la de sello azul y mi garganta reseca pide que pare o que me tome otro etílico como manda el reglamento. Sudo copiosamente, mejor dicho, a chorros. 1250 escalones, ya no siento las piernas. Sin que me diera cuenta estos estúpidos mariachis ya se han destapado otra botella. Que baje el del violín y que los del octavo se la repongan. Al fin y al cabo por culpa de ellos es que estamos tomando. Si los deudos del pent house revisan las cajas de licor, vamos a tener verdaderos problemas.
1393, ciento veinticinco metros mas cerca del cielo, más los dos mil seiscientos cuarenta de esta fría capital sobre el nivel del mar, equivalen a las primeras nubes de las regiones celestes. ¿Cuánto se echaría la santísima virgen en ascender al cielo?
1492, por ir contando escalones ya no se qué piso es este. Mientras uno va subiendo al cielo tiene que ir sufriendo los rigores de la vida elegida. Yo elegí ser embalsamador de cuerpos y aquí voy como emisario de la muerte. Que sería de mí sin la muerte, que sería de mi familia sin el sustento que nos procura la muerte. ¡Ah bendita muerte! Como pesa esta muerte cuando aún vivimos…
1538. Ya veo sobre el cenit una fina claridad que anuncia nuestra llegada al cielo. Mi pecho convulsiona y mis piernas sienten recuperar esa paz que propicia toda llegada a cualquier destino, con más razón al cielo, al cielo  raso bendito de este encumbrado edificio. En este interminable y extenuante ascenso a través de este túnel del tiempo nos hemos sabido terminar tres botellas de whisky. El coro de hombres que me acompaña posa como una hueste de ángeles exhaustos después de una batalla contra una legión del infierno. Sólo que vienen en chamarras negras y sombrero ancho. Como el ataúd con que he coronado mi ascenso, tienen también ribetes áureos en su ropa. Casi todos estos bigotudos al igual que yo, traen la expectativa de la paga a expensas de un muerto. Como los sicarios del político de la semana pasada que según los titulares de la prensa, quedaron ricos con la paga recibida por pasarlo a mejor vida. 1810, por fin la llegada a este gran pasillo trae consigo un profundo resplandor celestial que me anuncia la salida del túnel de mis esfuerzos. Es como volver a nacer mientras alguien apenas se esta muriendo. Adaníes muere para que yo viva, para que yo me procure el santo alimento. Adaníes muere, los mariachis cantan. Es la simbiosis de la vida y la muerte. El muerto alimenta la vida que no se detiene en su feroz carrera hacia la muerte…
1819. Ya estamos aquí, luego de mil ochocientos diecinueve escalones, a unos ciento ochenta y ocho metros, conviviendo con las nubes pero aún adheridos a todo ejercicio terrenal, ascendimos en busca de nuestra dignidad laboral y la fortuna de nuestros jefes. Yo creo que la virgen María quizá nunca supo que también ascendía, no sólo en busca de su dignidad personal sino también de la fortuna de la iglesia. Vinimos a cantar la partida de Adaníes el rico, y la llegada de nuestra hermana la muerte que de cuando en cuando suele visitarnos. Por eso este coro viene de negro para cantarle a la muerte, no al muerto que ya está muerto.
Llegamos, por  fin el cielo. Una puerta de oro se abre, y el resplandor del pent house deja entrever algunas efigies traslucidas. Estamos a contraluz y por eso no vimos que se trata de hombres equipados con armas de largo alcance. ¿Armas de largo alcance en el cielo? Don Armando y yo teníamos razón, no podían ser sino: ¡narcotraficantes!
Salen, nos apuntan y nos insultan con palabras soeces. Yo sólo atino a preguntar si aquí es donde vivía el difunto A-DA-NÍ-ES  CAS-TA-ÑO,  que vengo en nombre de la funeraria del Sagrado Corazón de Jesús a traer el servicio fúnebre de lujo tipo emperador con servicio extra de mariachis y… si- siete botellas de sello azul, el cual fue cancelado en su totalidad desde el día de ayer. ¡Que si me regalan un vaso de agua! En ese momento, desde el hall sale el grito desgarrador de una señora que unos momentos antes hablaba por teléfono y ahora se desmaya, preciso cuando los mariachis se preparaban a cantar como para bajarle de tono al antipático recibimiento.
Mil ochocientos diecinueve escalones, ciento ochenta y ocho metros, mas los dos mil seiscientos cuarenta metros de altura sobre el nivel del mar de esta fría ciudad, ahora… ¡Más cerca de la muerte! Pienso que ascendimos 1819 escalones con nuestro propio féretro a cuestas, mientras que un hombre que me ha empezado a apuntar con un fusil en mi garganta me increpa amenazante, estrepitoso, acelerado, mil preguntas a la vez que no se cómo responder: “-El patrón acaba de morir asesinado, ¿quién carajos ordenó este funeral?”




IVAN RUIZ ARIZA.
Bucaramanga, 1.968. Abogado de la Universidad Santo Tomás. Ha cursado estudios en Diplomado de Literatura Contemporánea en la ciudad de Bucaramanga a instancias de la Universidad Industrial de Santander y el instituto Municipal de Cultura de Bucaramanga en el año 2.000. Primer Puesto en el Concurso Bicentenario de Novela Gobernación de Santander-Universidad Autónoma de Bucaramanga 2013. Segundo Puesto del Concurso Bicentenario de Novela Gobernación de Santander-Sic Editorial, con la obra  “El Secreto de los Monjes Capuchinos”, año 2010. Su primera publicación fue hecha en el año 1.994, en el marco del concurso nacional de cuentos para autores inéditos “FUTACISCO”, Cali, con el cuento “La tierra de la felicidad”. Otras publicaciones de poesía fueron hechas en el marco de las convocatorias nacionales de poetas “Que no calle el cantor”, el Socorro, Santander 1.997 y año 2.000. Su primera obra de cuentos “El Mastín y otros Relatos”, es una saga de ocho cuentos negros sobre la violencia en Colombia. Ha sido publicado en la antología de cuentos “Líneas de Sombra” del Taller de literatura Renata UIS en el año 2010; en la Antología Nacional de cuento Renata III, “Suenan Voces” editado por silaba editores con auspicio del Ministerio de Cultura. Año 2010, y en la Antología de cuentos Relata V y “Las maneras del Abismo” editado por la Universidad Industrial de Santander. Año 2011.